Orientación frente a simple Redefinición

Los tiempos convulsos tienen la ventaja de que suscitan reflexiones sobre modelos de negocios, planteamientos de vida, objetivos, asignación de recursos, etc.  Mucho se comenta en tertulias de radio, TV; mucha tinta de derrocha en artículos, libros; muchas horas se consumen en tratar de pensar sobre cómo debemos re-enfocar nuestro modelo de sociedad en la que vivimos.

No pasa día sin que llegue a nuestros oídos cómo tal o cuál político, sociólogo, economista, etc. considera que estamos en un período que va a generar cambios radicales en la manera en la que el sistema financiero está organizada, en los modos de producción que actualmente generan la riqueza de un país, en cómo y qué deben regular las principales instituciones del Estado…  Todo esto seguro que tiene su base pero, a mi modo de ver, poco o casi nada se comenta sobre cuáles son los valores humanos y pilares político-económicos sustanciales sobre los que queremos se sustente nuestra sociedad.  Es decir, más que re-definir necesitamos orientar (o re-orientar) y esto sólo es posible si antes tenemos muy claro qué tipo de sociedad queremos.

Solemos perder mucho tiempo discutiendo sobre vaguedades en relación a la necesidad de realizar cambios que suenan muy bien pero que no sirven para absolutamente nada.  El cambio por el cambio es como no hacer nada por no saber qué hacer.  Es decir, uno está igual de perdido aunque lo primero vende más que lo segundo.  Antes bien, los debates, reflexiones, deben centrarse en qué objetivos/planteamientos/modelos queremos alcanzar o desarrollar para posteriormente, y sólo posteriormente, analizar cómo lo vamos a conseguir (re-definiendo esto, cambiando lo otro, manteniendo lo de más allá…).

Este es el debate que debe presentarnos nuestra clase política.   Este es el debate que distingue a los políticos con ideas, es decir, de nivel de los politicuchos mediocres.  Les pagamos (sí, les pagamos todos nosotros) para que nos orienten con criterio, nos sugieran el camino, no para que nos re-definan, nos recauchuten sin más sentido ni objetivo.  Y, por supuesto, nosotros, como Sociedad, debemos exigirlo y premiarlo en la urnas.  Si no… mejor nos callamos y sufrimos el monstruo que alimentamos.

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